5.12.09

Casas pintadas, empresarios felices

¿Puede la pintura de una casa salvarla de la hecatombe nuclear? Por supuesto, créanme porque yo les digo que sí en este reportaje que bien apañao m'a quedao. Si no al menos comprarán ustedes unos cuantos galones de mi bonita pintura y así mi negocio no se irá a pique, que para algo he financiado esta película de 'defensa civil' y mi dinerillo me ha costao.

It is your choice-The reward may be survival!



9.9.08

El rap del fin del mundo

Todos bombardean estos días con el LHC. Como eso ya nos queda viejo y no buscamos el fin del mundo mañana sino dentro de una semana, de dos meses o de tres billones de años, es mejor quedarse con el rap que explica más o menos en qué consiste el invento.

(Nota: no se aceptan reclamaciones si 'algo' ocurre mañana. No habrá teléfono de emergencias. No habrá teléfono).

1.9.08

El pato Donald, Hitler y los impuestos

Las opciones eran claras: pagar los impuestos y ganar la guerra o irse de putas y que lo hiciera Hitler. Y ese almeriense de pro que era Walt Disney lo tenía claro...

31.8.08

Máscaras antigás de diseño: por un Juicio Final con estilo

(escribí este texto para el trabajo hace unos meses. mi ordenador llora sus dolores en silencio y no puedo actualizar con mi incursión en el otro lado del telón de acero, pero creo que esto es lo bastante 'duck and cover' como para tener cabida aquí)


El fin del mundo se acerca. Antes o después; dentro de cinco minutos o de cinco millones de años, quién sabe, pero todo lo que empieza tiene un final y algún día la Tierra quedará sin rastro de la vida humana, al menos en su superficie. Si llega el día hay que estar preparados, y aunque el post-apocalipsis se convierta en un remedo de Mad Max, el estilo ha de mantenerse hasta el final. ¿Qué mejor que con unas máscaras antigás que combinen a la perfección con el resto de nuestros complementos? ¿Hemos llegado a tal punto de desquiciamiento?

Las máscaras presentadas por el diseñador Diddo Velema siguiendo las pautas creativas de algunas de las principales marcas dedicadas al negocio del lujo no son en realidad la última extravagancia destinada a los aprendices de Donald Trump más obsesionados con la guerra nuclear sino un proyecto de arte conceptual. “Las máscaras no son productos comerciales reales”, asegura Velema en su página web, a la vez que especifica que “fueron creadas para ser mostradas en revistas y exhibidas en galerías”.

El trabajo de este autor (que ha desempeñado su oficio como director de arte en empresas como Burger King, Orange o Cadbury y también ha sido profesor de la Escuela de Artes de Utrecht) pretende denunciar las paradojas del mundo actual: “Estamos en un estado de guerra permanente, con nosotros y con el ecosistema”, afirma. Esa continua tensión acaba provocando “miedo perpetuo”, un temor que sabe camuflarse y se traduce, en realidad, “en nuestra insaciable cultura del consumo”, la que nos lleva a querer adquirir, poseer y mostrar los signos del derroche ostensible incluso en las situaciones más absurdas. Si las mascarillas antigás son mentira, las mascarillas de tela de Louis Vuitton que llevaron varios invitados a una fiesta en Nueva York hace dos semanas eran auténticas, y es que la realidad supera asombrosamente a la ficción.

No estamos tan lejos de situaciones como las que planteaba Stanley Kubrick en Teléfono Rojo: Volamos hacia Moscú. Si finalmente los hombres ponen en marcha la Doomsday Machine de la que hablaba la película, un grupo de elegidos podría sobrevivir en las profundidades de las minas subterráneas durante cien años, como explicaba el filonazi Dr. Strangelove del filme. Allí, con una hilarante proporción de un hombre por cada diez mujeres, los seres humanos reproducirían a escala una sociedad con individuos escogidos por motivos eugenésicos. Las máscaras de Velema podrían ser útiles en esta situación: ¡la guerra nuclear no tiene por qué ser un aburrimiento!

12.7.08

Cuando la URSS dominaba Marte

Como continuación del impagable Duck and cover del otro día, ahí va ahora un filme soviético de los años 20 en el que se cuenta la historia de Kominternov, "el guerrero del ejército rojo que fue a Marte y venció a todos los capitalistas de aquel planeta". ¿Será por eso lo de 'planeta rojo'? De todos modos, Kominternov parece tener más agallas que Bert la tortuga, que al primer mono suicida que le aparece con un cartucho de dinamita se esconde y no da señales de vida. Entre eso y conquistar la cuarta roca no hay color...